Nicholas Owen (fecha de nacimiento incierta, 1606) era un hermano jesuita, gran albañil y carpintero, que con su oficio pudo proporcionar a los sacerdotes escondrijos en casas de católicos, logrando así evitar la captura de muchos de ellos en medio de los registros más minuciosos. Hijo de un carpintero y hermano de dos sacerdotes, Owen había trabajado como criado del P. Edmund Campion, y había sido arrestado brevemente en 1582 al defender la inocencia de éste. Después comenzó a trabajar con el P. Henry Garnet, superior de la misión. Owen era muy ingenioso para concebir escondites para los sacerdotes, y lograba disimular estas actividades trabajando abiertamente como carpintero durante el día y haciendo los escondites sólo de noche. Así los sirvientes de la casa desconocían su actividad verdadera, y sólo él y el dueño de la casa sabían donde había construido un escondite perforando paredes de piedra o excavando en la tierra. Alguno de esos lugares eran lo suficientemente grandes como para albergar de seis a diez personas; otros escondían en su interior otro cuarto secreto para despistar el olfato de los caza-sacerdotes. Era un trabajo duro para hacer sin ayuda, y a veces le costaba diversas lesiones. Le detuvieron por breve tiempo en 1594 cuando fue descubierto con el P. Gerard, pero la policía no advirtió haber detenido al cerebro que construía los escondrijos. Lo dejaron en libertad, y él volvió inmediatamente a su trabajo. El P. Garnet escribió una carta en 1588 en la que expresaba la esperanza de que su carpintero entrase alguna vez en la Compañía. Como no se mencionaban nombres no es seguro que se tratase de Nicolás Owen, que no llegó a hacer nunca un noviciado en regla. No conocemos la fecha de su entrada en la Compañía. Sin embargo tenemos muy claro cómo fueron sus últimos momentos. Había acompañado a Garnert hasta Hinlip Hall, cerca de Worcester, buscando un lugar donde quedarse durante la crisis provocada por la Conspiración de la Pólvora para volar el Parlamento. Se acusaba a los jesuitas del complot a pesar de que ya habían sido detenidos los conspiradores. Garner y Owen se encontraron con el P. Edward Oldcorne y el H. Ralph Ashley; Los cuatro se metieron en escondites de Hilip Hall, los dos sacerdotes en un lugar y los dos hermanos en otro. El sheriff estuvo varios días registrando la casa sin encontrar a los jesuitas, hasta que el hambre y la sed obligaron a los hermanos a salir de su escondrijo. Intentaron fingir que ellos eran los sacerdotes, pero no pudieron engañar a los policías, que dieron con una docena de escondrijos antes de capturar finalmente a los dos sacerdotes. Llevaron a los jesuitas a Londres. A Owen lo pusieron en la prisión de Marshalsea antes de trasladarlo a la Torre para someterlo a tortura. Los siervos del rey advirtieron en seguida que tenían en sus manos al único que conocía donde se encontraban los lugares donde se escondían y donde vivían los sacerdotes de todo el reino. Estaban deseosos por descubrir la infraestructura católica, pero Owen deseaba aún con mayor fuerza no traicionar a aquellos que le había costado tanto tiempo esconder y proteger. Le torturaron en el potro, cuatro horas al día durante varios días seguidos, sin que hablara. En su frustración los verdugos le añadieron peso a los pies, pero superaron el límite. El día 1 de marzo su abdomen se abrió y se le salieron los intestinos. Owen resistió aún un largo día antes de morir en las primeras horas del 2 de marzo. El verdugo jefe trató de tapar lo que había hecho, excesivo aún para aquel tiempo, diciendo que el jesuita se había suicidado. Inteligente y trabajador a lo largo de su vida, Nicolás Owen se mantuvo valeroso y fiel en la muerte.

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